Valastro se desliga del fresco y lo sufren los trabajadores

Alberto Valastro parece decidido a jugar todas las fichas por el negocio del congelado, el único que muestra márgenes de competitividad y rentabilidad capaces de sostener la estructura productiva instalada en el puerto de Mar del Plata.

El empresario en los últimos meses ha dado señales claras de emprender esa dirección: se desprendió de los últimos tres barcos fresqueros. El Mellino I y el Margot se los quedaron Alejandro y Cristian Di Scala, para surtir de pescado fresco su planta Kalimar, aunque esos barcos ya no tendrían un cupo apetecible de merluza. El Mellino VI, en iguales condiciones, quedó en poder del menor de los Ciccolella, Leandro.

Valastro compró 4272  toneladas del “Harengus” en más de 1,3 millones de dólares, según le confió a este medio Pedro Baldino tiempo atrás, cuando crecía el rumor de que, como parte de pago, Valastro entregaba los fresqueros. Finalmente las cosas entre ambos se convinieron en un plan de pagos.

A mediados de la década pasada, Valastro fue uno de los primeros que aprovechó los beneficios del Anexo Pyme para registrar personal que se había explotado en pseudocooperativas dentro del propio frigorífico.

Mar Atlántico SA, Frigopesca SA y Pesquera Argentina SA fueron tres de esas pymes creadas en 2005 para transferir el personal y donde trabajaban más de 130 personas entre peones, envasadoras y camaristas. Los fileteros bajo el mismo anexo sumaban otros 120 obreros empleados en “Maremil”, “Mar de Luca” e “Industrial Marítima Pesquera”

Pasada una década no queda ni la mitad de estos trabajadores. El fresco ha dejado de ser negocio. El goteo a fuerza de arreglos individuales y la jubilación explican el achique de la planilla de personal en Ayolas 3075, donde funciona el frigorífico Giorno.

“Después de las elecciones de octubre pasada los cambios se intensificaron. Muchos jubilados que seguían trabajando, dejaron de venir y desdobló a un grupo de 22 envasadoras del convenio ’75. Se fueron diez a la banquina donde tiene fileteros que cortan pescado para Coto, el resto nos quedamos sin hacer nada en el frigorífico”, cuenta una obrera que prefiere mantener el anonimato.

En realidad no es la banquina precisamente donde trabajaban los fileteros. Valastro tiene una planta de procesamiento sobre el muelle 2, antes de llegar a la plazoleta de contenedores. Ahí fueron destinadas las envasadoras el año pasado cuando todavía procesaban merluza.

Este miércoles el SOIP ha convocado a una reunión con los fileteros que cortaban merluza para Coto. Deberían haber comenzado a trabajar el mes pasado pero todavía no arrancaron y es posible que no lo hagan nunca más. En los últimos días siete fileteros arreglaron su salida. Ya quedan menos de 30, cuenta la envasadora.

Ahora en esa planta a metros del espejo interior del puerto todo es inactividad. En los últimos días fracasaron las negociaciones de Valastro para que Friosur ocupe las instalaciones.

Al borde de los 50 años, a la envasadora que detalla el achique en las líneas de fresco de Valastro, donde lleva más de 20 registrada bajo el convenio del ’75, la agobia el futuro.

“No sé qué puedo hacer, a esta altura de mi vida no sé hacer otra cosa”, confiesa. “Algunos compañeros se pusieron un negocio, yo prefiero no pensar en nada pero tampoco se puede vivir con tanta incertidumbre”, agrega.

En octubre y noviembre del año pasado directamente no fue a trabajar y cobró el garantizado por debajo de la línea de pobreza. Buena parte lo usa para pagar el alquiler.

“De las pymes queda un residual de 43 compañeros que no tienen nada que hacer. Algunos peones fueron al congelado pero en la planta se desmantelaron las líneas de fresco. La empresa está ofreciendo arreglos: 250 mil pesos por 13 años de antigüedad”, revela.

Para los trabajadores con mayor antigüedad y que están próximos a jubilarse Valastro ofreció pagarles el sueldo hasta la fecha del retiro. Sin necesidad de concurrir a ocupar su puesto de trabajo.

En Ayolas la expectativa hasta ahora estaba centrada en el langostino que vendría del sur. Se pintaron y arreglaron las cámaras frigoríficas. Hasta hubo alguna reunión con el gremio para establecer un precio y no les dieron vacaciones a los peones para aceitar el proceso de producción.

“Esperamos ese langostino con la esperanza de que marque la recuperación del trabajo pero no llegó nunca y en la empresa nadie dice nada. Solo nos enteramos de los compañeros que arreglan y se van”, cuenta la obrera que por ahora no tiene pensado pasar por Administración y preguntar cuál es la oferta.

El cambio de modelo, la supremacía del esquema congelador por sobre el fresquero, parece no tener marcha atrás y comienzan a verse las consecuencias  en la industria pesquera marplatense.

Más allá de los discursos de ocasión de las autoridades, como el objetivo de crear empleo sustentable, algo que reitera cada vez que puede el mismísimo presidente Macri, la realidad marca con nitidez otra cosa.

En la pesca marplatense ya ni siquiera se pueden retener los puestos que quedan. Nada resiste el aluvión que expulsa trabajadores a la calle.

Obtenido de revistapuerto.com.ar

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